A KING KONG, EN SUS 75 AÑOS.
En verdad, no quería morir tan lejos de su Jardín
de las Delicias
pero está a punto de caer desde un rascacielo
o desde la ingle de Dios.
Puedo escuchar el último alarido de su alma,
sus manos peludas se disuelven en la noche
acariciando a la rubia doncella.
Puedo escuchar a los caballos desbocados
de su corazón trotando hacia la Nada.
La rubia doncella también lo quería
pero no era su tipo, no era de su mundo.
Puedo escuchar el zumbido de los aviones artillados
el hormigueo de la ciudad como una gran manzana
que hierve de gusanos chillones.
Cómo podré olvidar sus últimas palabras
-el último alarido-antes de la caída:
yo sólo quise arrancar una estrella silvestre
del árbol de la noche.
(1990)
