MURCIÉLAGOS
Esta noche a mi cuarto no vienen
más que murciélagos azules
que se posan en la pantalla
del ordenador apagado.
Se marchitó el tulipán
que tú me diste y sólo brilla
esa nívea vaharada del odio
en el espejo del baño.
Esta noche callaré y hablarán por mí
esos murciélagos que chillan
como niños castigados
en la más húmeda oscuridad,
como estrellas que no pueden
ni nacer ni morir de luz.
Esta noche no diré: tus ojos
me han salvado al mirarme
de caer en los fétidos abismos
de la palabra.
Esperaré a que los murciélagos
se esfumen al igual que un arcoiris
en las plumas de una paloma torcaz.
Esperaré a tus labios.
Quedaré mudo hasta entonces...
